CAPITULO 1 “LA COCHERA”

Es muy tarde, pasa de la media noche. La velada estuvo muy agradable, de verdad lo fue. Conduzco en mi auto a toda velocidad. A ella le gusta la adrenalina, igual que a mí.

Nos dirigimos a mi departamento para recoger su mochila. Seguramente sus padres se enfadarán, les dije que la llevaría a casa a las once, pero en este momento no me importa mucho la reacción que puedan tener.

Una canción moderna inunda el auto. Va muy bien con la velocidad a la que conduzco. Ella lleva una falda corta, amplia. Y una blusa sin mangas, no muy escotada, muy pegada a su blanca piel.

Se mueve al ritmo de la canción. Yo lanzo miradas furtivas hacia ella mientras acelero a 150 k/h.

Se ve contenta, tal vez producto de las piñas coladas que bebió. No sé si lo hace consciente o inconscientemente pero es muy sensual.

Su risa es contagiosa pero me mantengo tranquilo, prestando atención a la carretera.

Ella está sentada, con las piernas cerradas dirigidas hacia mí. Su postura hace que me mire mientras yo conduzco esquivado los pocos coches que hay sobre el boulevard de las naciones. Es muy hermosa y no puedo evitar notar que su falda se ha recorrido un poco, producto de sus continuos y sensuales movimientos.

Al acercarme a la intersección que lleva hacia mi departamento disminuyo la velocidad lo cual me permite mirarla con detenimiento.

Me sonríe y sutilmente me toca la pierna.

-Conduces muy bien, me gusta la velocidad.

-Gracias. –Me limito a decir mientras esbozo una ligera sonrisa.

Sigo manejando, mucho más lento debido a la gran cantidad de topes y cruceros que hay en ese lugar.

Al llegar a mi departamento detengo el auto, la miro un momento, parece que quisiera decirme algo pero no lo hace.

Con un movimiento muy natural pongo mi mano derecha sobre su pierna más cercana a mí. Logro sentir el borde de su falda, la cual se ha subido aún más desde el último vistazo que le di. Noto la reacción de su cuerpo al contacto con mi piel. Se estremece.

-Espero que no tengas problemas con tus padres. Ya es muy tarde y deben estar molestos y preocupados por ti.

Tras decir eso, doy un ligero apretón sobre su pierna y un jadeo escapa de ella. Retiro mi mano con la misma naturalidad de antes. La miro y sonrío.

Bajo de mi auto para abrir la puerta  de la cochera, y un minuto más tarde nos encontramos en su interior.

Apago el motor, giro mi cuerpo hacia ella y le lanzo una mirada seductora.

-¿Quieres pasar?

Su reacción es de sorpresa, tarda unos segundos en responder. Pareciera que está analizando todos los posibles escenarios dentro de mi departamento. Sus mejillas se llenan de color rojo, baja la mirada pero no creo que esté viendo algo en particular.

-Me gustaría mucho, pero mis papás no tardan en llamar.

Supuse que esa sería su respuesta así que no me sorprendo.

-Entiendo, voy por tu mochila.

Salgo del auto y subo con elegancia las escaleras mientras saco las llaves de mi pantalón. Abro la puerta y enciendo la luz. Tomo rápidamente su mochila y bajo con calma las escaleras.

Desde arriba puedo ver perfectamente sus piernas. Esas piernas perfectas que ahora están al descubierto, tal vez intencionalmente.

Subo al auto. La luz de la luna llena me permite ver con claridad su figura. Le entrego la mochila y al hacerlo tomo su mano, ella se sobresalta y abre mucho los ojos.

-¿De verdad no quieres entrar?-Le pregunto mientras mi mirada se enciende. Mi voz ha sonado más provocativa que de costumbre, claro, con toda la intención.

-No es que no quiera, de hecho me gustaría mucho, pero ya es algo tarde.

Su respiración es agitada. Acaricio sus nudillos con mi pulgar y noto su respuesta. Mueve sus piernas, signo de nerviosismo.

Suelto su mano y dirijo la mía hacia un mechón que se ha puesto sobre su juvenil rostro. Lo tomo y lo acomodo detrás de su oreja.

-Tendremos que venir en otra ocasión, pero más temprano. –Lo digo en un tono abrumadoramente seductor.

-Mañana si tú quieres.

Es la respuesta que estaba esperando. Ya no hay duda, ella quiere algo más. Ninguna chica acepta entrar al departamento de un hombre sin buscar un encuentro muy cercano.

Acerco mi rostro a su oído. –Estaré esperando ese momento.

Ella suelta un jadeo y en ese momento mis labios capturan su lóbulo. Lo succiono suavemente y noto su respuesta. Su cuerpo se tensa, su respiración se agita aún más, su espalda se arquea.

Mi mano izquierda, con gran maestría se posa sobre su pierna más distante y acaricio su piel suave.

Mis labios bajan hasta su cuello. Ella mueve la cabeza dándome total acceso, mientras mis labios hacen lo suyo.

Mi mano izquierda sigue su trabajo, frotando desde la rodilla hacia arriba, cada vez más arriba. Al llegar al borde de su falda mi mano se desliza por debajo.

Ella se mueve inducida por las sensaciones que está experimentando. Mis labios siguen su camino hasta su garganta y bajan aún más. En este punto ella tiene los ojos cerrados y sus manos han empezado a acariciar mi brazo izquierdo. Sus caricias son ligeras, temerosas. Se perfectamente que nunca la habían tocado así. Se le nota inexperta pero su instinto la guía.

Mi mano izquierda abandona su pierna  y lentamente sube por su abdomen. Hago unas ligeras caricias y subo más hasta llegar al borde de sus senos.

Su blusa poco escotada no me ha permitido besar ese par de senos redondos y grandes. Me limito a besar su esternón mientras mi mano masajea su seno izquierdo por encima de la blusa.

Sus caricias son más intensas. Es el momento.

Regreso mi mano izquierda al borde superior de su falda y busco el final de su blusa. Con delicadeza meto mi mano bajo la tela de su blusa  y la subo hasta tocar el inicio de su brasier. Froto su piel, siguiendo el borde repetidas veces y cuando menos se lo espera, mis dedos se introducen bajo el brasier e instintivamente buscan su pequeño pezón.

Como lo esperaba, este ya se encuentra erguido. Tiro de él suavemente. En este punto, mi mano derecha que había permanecido quieta intencionalmente, sigue los pasos de mi otra mano, pero su objetivo es el pezón derecho.

Cuando tengo ambos pezones entre mis dedos, sincronizadamente tiro de ellos. Los froto, los oprimo, los acaricio. Esto provoca que ligeros gemidos escapen de su boca.

Dejo de estimular los pezones y esta vez mis manos frotan sus grandes y redondos senos. Soy muy hábil con las manos, Bueno para ser honesto, soy muy hábil con cada parte de mi cuerpo.

Después de unos minutos, con un movimiento rápido y natural, hago subir por completo su blusa y su brasier,  dejando expuestos ante mí sus exquisitos pechos.

Los miro por un instante, quiero guardar esa imagen en mi memoria.

Mi boca se dirige lentamente hacia su seno derecho. Lo beso lentamente una y otra vez, desde su borde hacia el centro acercándome cada vez más a su duro pezón. Lo atrapo entre mis labios y succiono lentamente.

Muevo mi cabeza para tirar de él con mis dientes. Lo muerdo suavemente mientras mi mano derecha estimula el otro seno.

En una de mis mordidas ella ahoga un gemido. Música para mis oídos.  Es momento de equilibrar las cosas y mis labios se dirigen al pecho izquierdo repitiendo cada uno de los pasos anteriores, mientras que mi mano derecha hace lo propio con el otro seno.

Mis labios succionan con más intensidad mientras mi mano izquierda nuevamente acaricia su pierna más alejada. Mi mano sube cada vez más, acercándose peligrosamente a la parte interior de sus muslos. Otro jadeo escapa de su garganta. Ella está completamente excitada, la tengo a mi disposición, en el interior de mi auto, dentro de mi cochera. Nadie nos ve ni nos oye.

La música del CD ha terminado. Solo se escuchan nuestras respiraciones agitadas y el sonido de mis labios succionando su pezón.

Ella cierra sus piernas tratando que yo llegue más lejos.

  • No por favor – Murmura con voz entrecortada.

No hago caso a su petición. Mi mano traviesa encuentra el borde de su ropa interior y se escabulle ágilmente debajo de ella hasta posarse sobre su sexo. Ella gime al contacto con mi piel. Mis labios se detienen y levanto mi cara para mirar su expresión mientras mi mano estimula su más íntimo espacio.

Ella cede y abre las piernas para que me de gusto.

Sus ojos están cerrados y su boca ligeramente abierta. Los gemidos son más frecuentes mientras introduzco mi dedo medio en ella. Sus gestos son tan excitantes.

Con mi mano derecha empujo suavemente su cuerpo hasta que queda casi recargada en el lado interno de la puerta del copiloto. Eso me da más libertad de movimiento.

Está completamente húmeda, lo note en cuanto toqué su sexo. Muevo suavemente mi dedo adentro y afuera repetidas veces. Su cuerpo reacciona al estímulo, se mueve o mejor dicho, se retuerce ante el placer que mi mano le produce.

Su abdomen se contrae repetidas veces. Sus gemidos suenan más fuerte, su respiración es agitada. Está a punto de alcanzar su primer orgasmo.

En cambio yo, estoy más sereno. Mi respiración es agitada pero no tanto como la de ella. Mi mirada está encendida, intensa. Realmente estoy disfrutando el momento.

Mi dedo medio sigue con su buen trabajo y lanzo el movimiento maestro. Mi pulgar inicia un suave masaje sobre su clítoris al mismo tiempo que mi dedo medio frota en su interior. Su cuerpo se estremece, su abdomen se tensa y ella estalla.

Mi rostro dibuja una media sonrisa. Es muy excitante ver sus gestos.

Un par de minutos más tarde, ella su respiración ha vuelto a la normalidad. Nuevamente está sentada como cuando estaba conduciendo a toda velocidad y se ha acomodado la falda, el brasier y la blusa.

-Se sintió maravillosamente bien, nunca antes había experimentado algo así. –Musita mientras se mira los dedos.

-Yo te puedo ayudar a descubrir muchas sensaciones que ni siquiera puedes imaginar. –Le respondo mientras la miro con cierto brillo en los ojos.

Tomo su mano derecha y la coloco sobre mi erección. –Ahora te toca a ti. –Le dedico una sonrisa seductora.

Ella duda un poco. –Es que no sé cómo se hace. –Murmura y baja nuevamente la mirada.

Su respuesta me excita aún más, es la primera vez que hace esto y eso provoca que mi ego se haga más grande.

-Solo tienes que frotarlo suavemente. –Vuelvo a tomar su mano y la guio para que haga su parte, indicándole cómo hacerlo.

Ella parece entenderlo rápidamente y quito mi mano. Desabotono mi pantalón, bajo el cierre y libero de mi bóxer mi miembro. Ella abre los ojos grandes como platos al verlo. Su gesto de sorpresa hace que me excite aún más, si eso es posible.

-Acarícialo. –Le ordeno con voz tranquila.

Ella obedece y frota suave y lentamente mi miembro erecto, desde la base hasta la punta.

-¿Te gusta? –Le pregunto mientras miro su rostro.

-Sí. –Parece hipnotizada por mi erección.

Estoy muy excitado, quiero poseerla ahora mismo. Me sería muy fácil convencerla, ella está igual o más excitada que yo. Pero dudo un instante, no quiero hacerle daño. Por alguna extraña razón no quiero jugar con ella.

En realidad es muy agradable, tiene sentido del humor, pero sobre todo, su inexperiencia, por no decir ingenuidad me cautiva mucho.

Viene a mi mente el recuerdo de aquella tarde, y no puedo evitar el sentimiento de rencor. Todas las mujeres son iguales. Una voz en mi interior me repite esa frase.

Debes seguir. No te ablandes. Continúa la voz.

Una parte de mí quiere continuar con mi estilo de vida, pero otra me pide que no le haga daño, no a ella.

-¿Lo estoy haciendo bien? –Su pregunta me saca de mis pensamientos.

-Lo haces muy bien. –Le sonrío sinceramente. –Muero por seguir, pero no quiero que tengas problemas con tus padres. Será mejor que te lleve a casa.

Ella se sorprende ante mis palabras.

-Pero… dijiste que lo estoy haciendo bien. ¿Me mentiste? –Su voz suena triste.

-No te mentí, estoy a un paso de arrancarte la ropa y hacerte mía, pero eso nos tomará mucho tiempo. Será mejor que continuemos en otra ocasión, con más calma. –Mis palabras no parecen convencerla pero acepta.

Me arreglo el pantalón y salgo del auto para abrir la puerta de la cochera. Regreso al auto y lo pongo en marcha. Me acerco a ella y le doy un beso en la comisura de sus labios.

Saco el auto y lo dejo encendido junto a la banqueta mientras cierro la cochera.

De camino a su casa no dice una sola palabra. Su mirada está dirigida hacia la ventana de su puerta.

Al llegar a su casa, estaciono el auto frente a la entrada. Sin apagarlo bajo de él para abrir la puerta de su lado. Le ofrezco mi mano caballerosamente para ayudarle a bajar.

-¿Te veré mañana? –Murmura con voz quebrada. Estoy seguro que está desconcertada por mi decisión de no llegar más lejos en la cochera.

-Te lo puedo asegurar. Que tengas una linda noche. Si tienes problema con tus padres yo hablaré con ellos. –Su mirada se ilumina al escuchar mis palabras.

-Gracias. –Responde con una sonrisa genuina al tiempo que saca sus llaves de la mochila.

Me acerco y le doy un beso en la comisura de sus labios.

-Que descanses. Mañana te llamo. Sueña conmigo. –Le sonrío seductoramente.

-Y tú conmigo. –Me responde con dulzura. –Hasta mañana.

Espero a que abra la puerta de su casa para después dirigirme a mi auto y entrar en él. Me alejo sin mirar atrás y pongo otro CD.

HOLA

ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO. ES LA PRIMERA VEZ QUE ESCRIBO Y ME AYUDARÍA MUCHO  SABER QUÉ LES HA PARECIDO EL CAPITULO.
POR FAVOR COMPARTAN LA HISTORIA. HASTA PRONTO Y GRACIAS POR LEERME.

KJ

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Acerca de kristianjair

Soy un contador sexy
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3 respuestas a CAPITULO 1 “LA COCHERA”

  1. Mary G dijo:

    Reblogueó esto en EscritoraPorCasualidady comentado:
    Está vacío.

  2. Mary G dijo:

    Espero que sigas publicando los capítulos, es una historia muy buena.

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