PERDIDO EN SU MIRADA – CAPITULO 2 “SARAH”

Sarah 2

Llego a mi departamento veinte minutos después de dejar a Evelyn en la puerta de su casa, realmente espero que no tenga problemas con sus padres. Me quito la camisa y los zapatos y busco mi toalla, necesito una ducha fría, no solo por el calor que hace, sino también para bajarme la calentura que aún siento. Saco la cartera y el celular de las bolsas de mi pantalón y los coloco sobre la mesita de noche junto a mi cama. Finalmente me despojo de mi pantalón y de mi bóxer y me meto a la regadera.

Permanezco bajo el agua fría unos minutos sin moverme mientras me relajo.  Pongo un poco de shampoo en la palma de mi mano y la froto en mi cabellera negra hasta que se forma una  abundante espuma en ella. Un par de minutos después aplico sobre la esponja una generosa porción de ese gel para ducha que deja en mí un aroma que suele gustarles mucho a las mujeres. Froto la esponja en cada parte de mí cuerpo. Soy un hombre delgado, pero con músculos bien definidos.

Me coloco bajo la regadera para que el agua se lleve la espuma, y nuevamente froto cada parte de mi cuerpo, esta vez con mis manos. Al terminar la ducha tomo la toalla y me seco lentamente. Salgo con la toalla alrededor de mi cintura, y busco un bóxer en el cajón donde guardo mi ropa interior, elijo uno ajustado y de color negro, muy adecuado para mi personalidad.

Camino hasta mi cama y me acuesto sobre las sábanas. En esta época del año hace más calor que de costumbre en Acapulco, así que la ducha me ha sentado bien. El sonido del celular avisándome de un mensaje nuevo llama mi atención. Estiro la mano para tomar el celular e inmediatamente reviso el mensaje.

De: Evelyn

¿Qué crees Alex? Mis papás estaban en la sala esperándome. Estaban algo molestos por la hora y me hicieron un largo interrogatorio sobre ti, el lugar a donde fuimos y las cosas que hicimos… Obviamente no les conté todo, y finalmente se tranquilizaron. Espero verte pronto, te mando un besito.

Una genuina sonrisa se forma en mi rostro, menos mal que las cosas no pasaron a mayores con sus padres. Escribo mi respuesta.

Para: Evelyn

Me alegra que tus padres lo tomaran bien, y claro, que no les hayas contado todos los detalles. Descansa, mañana te llamo.

Mi respuesta es fría,  esa es mi forma de ser.

Por un momento imagino la reacción que tendrían sus padres si se enteran de lo que pasó en mi cochera. Con seguridad yo terminaría en la cárcel porque Evelyn es menor de edad, solo tiene diecisiete años y yo tengo veinticuatro. Tal vez debería alejarme de ella, pienso para mis adentros.

Un par de minutos después vuelve a sonar mi celular avisándome del nuevo mensaje.

De: Evelyn

Los detalles serán nuestro secreto. Esperaré tu llamada,  no dejo de pensar en ti. Besitos.

Nuestro secreto… más vale que siga siendo un secreto. No acostumbro salir con menores de edad para no arriesgarme a tener problemas legales. – Pero ella… ella tiene algo – una voz tenue en mi interior me dice esa frase, seguramente es mi subconsciente el que habla, aunque no puedo asegurarlo.

“No dejo de pensar en ti” Es una frase que he escuchado tantas veces de mis conquistas, que usualmente no le doy importancia a esas palabras, pero por primera vez resuenan en mi mente una y otra vez, y una extraña sensación se apodera de mí, parece alegría, pero no estoy seguro.

-¡No!  No debo pensar en tonterías – me digo en voz alta y muevo la cabeza para alejar esos pensamientos de mi mente. Decido no responder su mensaje.

Finalmente el cansancio  me vence y sueño con sonrisas tiernas y faldas cortas.

Son las siete de la mañana cuando la alarma de mi celular suena indicándome que es hora de levantarme. Me siento en el borde de mi cama y me froto los ojos tratando de despertar por completo. Las cortinas impiden que entre la luz del sol. Desactivo la alarma, me levanto y me estiro un poco para después buscar mi ropa, es hora de ir a correr.

Cinco minutos más tarde tengo puesta una sudadera gris y unos pants negros haciendo juego con mis tenis para correr. Salgo de mi departamento y doy varias vueltas a la manzana. Media hora más tarde estoy de regreso en mi departamento. Saco del refrigerador la leche y el jugo de naranja y los ingredientes necesarios para prepararme un delicioso sándwich con pan integral.

Hacia las ocho de la mañana he terminado de desayunar y de ducharme. Es sábado así que no tengo que ir a trabajar. Uno de los primeros cambios que hice al ser nombrado gerente general en mi trabajo fue  implementar la semana inglesa, y realmente ha dado  muy buenos resultados.

Elijo para hoy unos jeans azul marino, tenis negros casuales y una delgada playera negra con cuello en V. Me visto con toda calma mientras planeo el resto del día.

Una llamada entra a mi celular, miro la pantalla y veo en ella el nombre de Sarah.

-Bueno- contesto  con voz serena.

-Ya sé que estás bueno – Dice en voz baja Sarah y una risita se escucha después.

-Gracias, siempre lo he sabido  – Mi voz seductora hace su aparición  – ¿Qué puedo hacer por ti?

– Muchas cosas –dice en tono sugerente – ¿Quieres que te las describa?

– Ilumíname por favor – Digo con voz divertida.

– Pues podrías  empezar por invitarme a tu departamento y despojarme de la ropa  como solo tú sabes hacerlo.

– Suena interesante – respondo con voz grave – ¿Qué más?

– Podrías explorar cada parte… cada rincón de mi cuerpo con tus amaestradas manos.

Evidentemente Sarah tiene ganas, pero necesita más que esas palabras para encenderme.

-Te sigo escuchando.

-Puedes besarme donde te plazca.

– Uy… ¿Dónde me plazca?

– Sí –Su voz está llena de deseo – donde tú quieras.

– Bien, lo tendré en cuenta – respondo seductoramente.

– Y podrías poseerme de la forma que tú quieras, las veces que quieras, todo el día…

– Suena muy tentador – digo con serenidad – pero hoy no es posible.

– ¿Por qué no? – Su voz tiene un dejo de tristeza, ¿O será decepción? No sabría decirlo.

– Tengo planes para hoy, pero si quieres mañana te espero para que hagamos todo lo que dijiste – Un brillo aparece en mi mirada al tiempo que mis labios forman una sonrisa de lado.

– ¿Seguro que no puedes hoy Alex? – Ella puede ser bastante insistente si se lo propone.

– Completamente seguro – Respondo de forma contundente.

– Está bien, será mañana entonces. Te tengo muchas ganas pero tendré que esperar – dice resignada.

– Te llamaré por la noche para ponernos de acuerdo en la hora – Otra vez mi voz varonil.

– Está bien. Ya quiero que sea mañana. Me vuelves loca.

– Te llamo por la noche, Sarah. Que tengas buen día.

Pulso la tecla para finalizar la llamada.

Sarah Almazán es un año menor que yo, y es realmente muy atractiva. Desde que la vi por primera vez me llamó la atención su bien formado trasero, aunque debo admitir que sus piernas también son muy hermosas. Sus senos no son tan grandes, pero son firmes y muy apetecibles. Ella lo sabe y acostumbra utilizar blusas muy escotadas. Es casi de mi estatura, su piel es morena clara como la mía, sus ojos cafés claros y su cabello es negro, aunque siempre se lo pinta de castaño oscuro, su nariz es pequeña al igual que su boca.

Le gusta que admiren su belleza, aunque si alguien intenta propasarse sabe cómo ponerlo en su lugar, tiene un carácter muy fuerte.

La conocí hace como seis meses en la fiesta de un amigo, y esa misma noche tuvimos relaciones. Desde entonces salimos al menos una vez por semana… y claro, todas las veces terminamos en la cama. Mantengo con ella  una relación abierta, sin ninguna responsabilidad, al igual que con todas las demás chicas con las que he salido desde hace tres años, después de esa terrible tarde.

La mañana pasa rápido, y al medio día tomo mi celular para llamar a Evelyn, pienso invitarla al cine.

-¡Hola! Estaba esperando tu llamada, Alex – Contesta ella con efusividad.

– Hola, Evelyn. Lo prometido es deuda, te dije que llamaría – respondo en un tono sereno.

– Eres de las personas que cumple sus promesas, eso me gusta – musita.

– Gracias – digo mientras en mi rostro se dibuja una sincera sonrisa ¿Por qué? Eso no es normal en mí – ¿Quieres ir al cine esta tarde? – Pregunto con voz seductora.

– ¡Sí! ¡Me encantaría! – Su voz se escucha alegre y podría asegurar que sus labios dibujaron una sonrisa.

– Entonces paso por ti a las cinco de la tarde – Digo con tranquilidad.

– Me parece bien, te estaré esperando – murmura.

– Hasta entonces.

Pulso la tecla para terminar la llamada. Las horas pasan rápido, y a las cuatro en punto me meto a la ducha. Diez minutos más tarde salgo con la toalla envuelta en la cintura y me dirijo a mi guarda ropa. Elijo una camisa negra de manga larga y unos jeans  azul marino con zapatos casuales negros. Me aplico un poco de perfume y desodorante, y me visto con tranquilidad. Dejo desabrochados los dos botones superiores de la camisa, dejando ver un poco de mis pectorales.

Doy un último vistazo en el espejo. Me gusta lo que veo y hago una sonrisa de lado.

Saco mi auto de la cochera. Un Jetta 2010 color negro en perfectas condiciones, con un alerón que le da una apariencia deportiva.

Llego a casa de Evelyn faltando cinco minutos para las cinco. La puntualidad es una de mis características. Saco el celular de mis jeans y le llamo.

-Estoy afuera de tu casa – Digo con voz varonil.

-Salgo enseguida – Puedo notar su alegría. Su voz es suave, me gusta, realmente me gusta.

Salgo del auto y la espero recargado en él mientras reviso la cartelera en mi celular.

Un par de minutos más tarde ella sale por la puerta de su casa. Se ve hermosa. Lleva unos jeans azules muy ajustados, con un cinturón delgado de color dorado,  una blusa rosa de un solo tirante, muy ajustada a su cuerpo y unas zapatillas color arena. Su cabello castaño con unos toques de rubio, ligeramente rizado, le da un toque especial. Una extraña sensación recorre mi cuerpo. Realmente se ve hermosa. Se nota que se ha esperado en arreglarse hoy.

En el poco tiempo que llevo de conocerla nunca la había visto así. Generalmente su estilo de vestir no es tan sensual. Casi siempre usa jeans, converse, y blusas con mangas y estampados.

Ella camina hacia mí con pasos lentos y vacilantes. Se nota que no está acostumbrada a usar zapatillas.

-Estás espectacular – Le digo mientras le dedico una sonrisa sincera – Me dejaste impresionado – Le digo con voz suave al tiempo que le doy un beso muy cerca de sus labios.

-Gracias – musita mientras se ruboriza por mis palabras, ¿O tal vez por el beso? – Tú estás guapísimo – Me dice mientras mira hacia el suelo. Me encanta su timidez. ¿Acaso no está consciente de lo hermosa que es?

-Gracias – mi voz varonil y seductora hace su aparición.

Abro la puerta del auto para que ella suba en el asiento del copiloto.

-Gracias, eres un caballero, me gusta – Se vuelve a ruborizar y mi ego se engrandece al saber lo que provoco en esta chica.

-Es un placer – respondo y le dedico una media sonrisa al tiempo que ella sube al auto y yo cierro la puerta.

Rodeo el auto y subo con elegancia. Pongo en marcha el motor y nos dirigimos a toda prisa hacia el cine que se encuentra en el prestigiado centro comercial en el boulevard de las naciones. En el trayecto hablamos de todo un poco. Ella es muy agradable, me encanta su sentido del humor, su timidez y su mirada. Ah, su mirada.

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Acerca de kristianjair

Soy un contador sexy
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